7 jul. 2013

Las metrópolis colonizadas: ¡atajen al indio!

Ocurrió el 2 de julio en las horas de la tarde colombiana. Evo Morales, presidente indio del estado plurinacional de Bolivia, que volaba de regreso en el avión presidencial entre Moscú y La Paz, virtualmente rebotó contra la frontera aérea de Europa occidental, la Europa latina integrada por las “madres patrias” de los latinoamericanos: Francia, Italia, España y Portugal. La aeronave tuvo que aterrizar de emergencia en Viena, capital de Austria, respetable nación con la cual como latinoamericanos, no nos unen lazos históricos, culturales ni lingüísticos. Ya próxima la nave de Morales a cruzar espacio aéreo francés, ese gobierno y tras él los otros latinos, bajaron la persiana y lo obligaron a desviarse a Viena, poniendo en peligro la integridad física del indio presidente y sus acompañantes, como lo señaló la cancillería colombiana en pronunciamiento del 4 de julio.
Los gobiernos que violando impunemente las normas aeronáuticas internacionales impidieron el tránsito del avión boliviano, no hacían otra cosa que colaborar de oficio y ganar indulgencias con el de EE.UU., empeñado en la persecución contra Edward Snowden, un excontratista de la CIA acusado de filtrar información secreta que puso en evidencia el espionaje mundial que realiza la Casa Blanca a todos los ciudadanos y  gobiernos del planeta, incluídos los súbditos que atajaron a Evo Morales, atendiendo rumores según los cuales Snowden, que permanece refugiado en Moscú buscando un país de asilo, viajaba en la misma aeronave. Como buenos cachorros, los gobernantes de París, Lisboa, Roma y Madrid se han unido a la cacería del fugitivo sin importarles los medios utilizados ni las consecuencias, menos cuando ellas tienen que ver con un país tercermundista, pobre y sin armamento militar.
Cualquier iniciado en relaciones internacionales sabe, que un avión presidencial es una especie de embajada en el aire, que es inviolable y goza de libre tránsito, más allá de meros protocolos técnicos. Pero la Europa que atajó al presidente Morales y lo confinó quince horas en Austria, no es la Europa ilustrada que inventó la soberanía de los estados, el derecho internacional y la política multilateral, sino aquella que se ha dejado colonizar por el guerrerismo del imperio, por la “guerra contra el terrorismo” y las incursiones preventivas desatadas después de la caída de las torres gemelas en 2001. Indudablemente al lado de una Europa indignada que se levanta contra la opresión del capital financiero globalizado, sigue habiendo otra, la desmoralizada, la de la OTAN, corrupta y cooptada por las causas de la Casa Blanca y el Pentágono.
La agresión de Europa occidental contra el estado boliviano, que indigna a toda América Latina, tiene ribetes de guerra preventiva, de uso de la fuerza ante rumores que muchas veces son autoconstruídos y autodifundidos, que se diseñan para justificar la agresión al adversario político. Snowden no viajaba con Morales pero la mentira ha servido de justificación a los violadores del derecho internacional, como Bush justificó la invasión a Irak argumentando la supuesta existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas. Aunque la guerra preventiva, que mejor debiera llamarse “paranoica”, tiene una historia anterior a las torres gemelas que ya muchos han olvidado y cabe aquí recordar por lo menos uno de sus actos: julio 3 de 1988, cuando estaba llegando a su fin la guerra entre Irán e Irak; desde aguas marítimas iraníes un misil estadounidense derriba en espacio aéreo iraní un avión civil iraní (un airbus) en pleno vuelo con 290 ocupantes a bordo que se dirigían a Dubai. Según el gobierno de EE.UU. su crucero lanzamisiles confundió la nave civil con un F-14 de la fuerza aérea adversaria. Eran los tiempos de Reagan y Bush (padre) como vicepresidente. En 1996, EE.UU. accedió a indemnizar a las víctimas con 68 millones de dólares, sin pagar el valor de la aeronave y con cero disculpas por el “incidente”. Guerra preventiva, paranoia y prepotencia son los nombres de la barbarie en los tiempos que vivimos; duele que cuatro viejas metrópolis de la legendaria Europa se hayan subordinado a tal proyecto contra la civilidad política.
España  y Portugal en el siglo XVI, e Italia y Francia en el XIX, se lanzaron a la conquista de mundos coloniales en los demás continentes; en ellos oprimieron pueblos y saquearon recursos que enriquecieron a sus élites y fortalecieron centros de poder militar que a su vez les permitían nuevas aventuras colonialistas. Esas metrópolis que desde Europa todo lo decidían, siguen manteniendo la hegemonía pero ya como complejo, como prejuicio instalado en sus imaginarios que les permite mirar a sus excolonias por encima del hombro y negarles un trato de iguales en el plano de las relaciones internacionales. Particularmente España, la flamante “madre patria” de casi todos los países latinoamericanos, es solidaria con nuestro subcontinente a la hora de las Cumbres Iberoamericanas, pero al sumarse a la agresión contra Evo, ratifica su alineamiento con Washington y su hostilidad con los procesos políticos que hoy avanzan en América Latina. El racismo de esas viejas metrópolis se mantiene intacto a pesar de sus manidas retóricas sobre los derechos humanos. “¡Por qué no te callas!”, se atrevió a exigir un rey de allá a un zambo de aquí, precisamente en la Cumbre Iberoamericana de 2007 en Chile, de la que luego se retiró.
París, Lisboa, Roma y Madrid, fueron cuatro metrópolis que desde Europa impusieron coloniajes odiosos contra pueblos de Asia, Africa y América Latina, coloniajes que se vinieron abajo luego de las guerras de liberación permitiendo la creación de naciones soberanas en los tres continentes en diferentes momentos históricos. Pero el colonialismo como dominación cultural e ideológica nunca ha terminado, y su expresión más visible, el racismo, es una relación que funciona de allá para acá agenciada por las oligarquías y las élites dominantes nacionales. De esta manera, los países latinoamericanos que se están sacudiendo del colonialismo, a través de UNASUR han alzado su voz para condenar el racismo de las metrópolis y su flagrante violación del derecho internacional. Contrariamente a ellos, otros sectores en nuestros países andan justificando la conducta europea con subterfugios baladíes, pues tratándose de Bolivia y de un indio, cualquier sospecha la consideran válida, y lo que es más grave, suficiente para acudir a las vías de hecho. La próxima vez podrían proceder ante el rumor de que el indio vuele mascando coca.
Pero hay algo más llamativo en esta película. Es la manera genuflexa como cuatro metrópolis se han convertido en sirvientes del gran imperio y asumen sin reato la condición de guardianes de sus intereses. Ahora resulta que a Snowden no solo lo busca el gobierno de EE.UU. sino que también le cierran el cerco las flamantes repúblicas europeo-occidentales, como si el delito que se le imputa fuera una agresión contra la humanidad entera. Es el mundo al revés: la propia Europa es víctima del espionaje que denunció el excontratista, pero es ella quien aspira a entregarlo para que reciba castigo. Es la víctima ofreciendo incienso al victimario. ¿Cuándo que no nos enteramos, perdieron la dignidad los europeo-occidentales? ¿Cuándo las metrópolis se trastocaron en colonias?
Según han dicho algunos de los gobiernos referidos, recibieron llamadas anunciando la presencia de Snowden en el avión de Evo, pero no han revelado las fuentes, lo que indica que no las saben o las ocultan. Sea lo uno o sea lo otro, el asunto es oscuro y autoriza la especulación. Pero lo que no admite dudas es que, cualquiera haya sido la proveniencia del rumor –dicen que de los servicios de inteligencia Suizos–, es el gobierno de EE.UU. quien tiene activados todos sus mecanismos de influencia para capturar al fugitivo, incluso solicitando su extradición por adelantado a países que anuncian otorgarla sin que haya de por medio tratados que la regulen. Washington ha declarado que no intervino para nada en el asunto y que solamente los europeos deben las explicaciones correspondientes: grave por el lado que se le mire.
Mientras Europa occidental renuncia a su tradicional liberalismo en materia de relaciones internacionales y se deja disciplinar por una potencia autoritaria, algunos países latinoamericanos le dan la lección que antes ellos enseñaban, la lección de la soberanía, la independencia y el respeto a los derechos humanos, de los cuales el de asilo es parte fundamental. Solo unos pocos gobiernos de este lado del planeta se han declarado dispuestos a conceder o considerar la posibilidad del asilo para Snowden. Estamos ante un cruce de mensajes: de un lado el gobierno estadounidense y una sumisa Europa, lanzan su autoritaria advertencia “que nadie se atreva” porque hasta su vida puede correr peligro; mientras del otro, una parte importante  de América Latina rechaza el atropello, exige explicaciones y reivindica el derecho humano al asilo, consagrado ampliamente en la legislación internacional.
Una nueva fisura se ha abierto en las relaciones entre América Latina y Europa. La violación ocurrida seguirá teniendo repercusiones más allá de Suramérica, pues será abordada en la OEA y posiblemente en la ONU. Ya los Europeo-occidentales y las élites de la derecha latinoamericana están buscando bajarle el tono a las denuncias para que el problema finalmente se convierta en un simple incidente de tantos, y la apuesta de nuestra diplomacia no puede ser otra, a más de la lección de dignidad ya dada, que impedir un tratamiento a las violaciones del derecho según la medida del agredido, según su poderío bélico o su status económico. Poner en riesgo la vida de un jefe de estado, tiene que volver a ser tan grave como antes del 11 de septiembre de 2001 y de la guerra preventiva contra el terrorismo.
Los pueblos de América Latina y sus decisiones democráticamente adoptadas, tienen poderosos enemigos. El mundo interestatal es profundamente asimétrico. Los latinoamericanos tenemos que aceptar las diferencias y recorrer todavía largos caminos hacia el bienestar económico y el desarrollo tecnológico. Pero la dignidad, se tiene o no se tiene. Nuestro mensaje a los países europeos y de todo el mundo entonces, es bien sencillo: los pueblos latinoamericanos tenemos una dignidad construída entre nosotros mismos; no se la debemos ni a Europa ni a Norteamérica; al contrario, nos tuvimos que liberar de ellos y lo seguimos haciendo cada vez que avanzamos en la autodeterminación política. La lucha contra el colonialismo no la hemos terminado y la vamos a continuar. Mientras las metrópolis decadentes se conciertan para atajar al indio, América Latina les ofrece con toda su autoridad la lección de la dignidad y la decencia.

Finalmente. En este conflicto, como en todos los que afectan la soberanía de América Latina, no faltan los campeones de la moderación, los equilibristas de profesión, los que proponen lo estrictamente protocolario para que se eviten las crisis, las polarizaciones, y para que todo siga igual. Es la conducta característica aunque muy comprensible del gobierno colombiano, excéntricamente ansioso de ser admitido dentro de la OTAN, el club militar desde el cual precisamente, EE.UU. tiene filados a sus aliados europeos para intimidar al Tercer Mundo y mantener las relaciones de colonización. Muy difícil prenderle una vela a la dignidad latinoamericana y otra al aparato represivo más temible del mundo. ¿Cómo hace el presidente Santos?

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