7 dic. 2012

Lacoste y Lefebvre: aportes para una relectura espacial de la teoría Marxista


Campo Elías Galindo[1].
Eryka Torrejón Cardona[2].

La presente ponencia se centra en presentar algunos elementos conceptuales de las obras de dos pensadores sociales del siglo XX: Yves Lacoste y Henry Lefebvre.
Los aportes que se subrayan  han sido delimitados a partir de una pregunta clave: ¿cuáles son los aportes de Lacoste y de Lefebvre en la relectura espacial de la teoría social contemporánea? Esta pregunta se origina a partir de la necesidad  de indicar en este evento, los puntos nodales de encuentro entre la geografía y la sociología y con éstos resaltar los encuentros teóricos que tienen como escenario la  teoría clásica bajo una relectura contemporánea, es decir, esta  ponencia busca revitalizar la discusión del espacio como componente ontológico, epistemológico y de praxis social. Los autores que se van a abordar tienen como punto común una tesis que se desarrollará en esta intervención: La teoría como una herramienta – arma  en términos de Lacoste – para la construcción y transformación del espacio – revolución espacial en términos de Lefebvre-
De esta manera, la presente ponencia se estructura en tres partes.  La primera, a cargo del historiador Campo Elías Galindo, esta primera parte contiene una breve y concisa contextualización del perfil y genio del geógrafo francés Y. Lacoste, en clave del contexto socio político francés de  la década de los años 1970 y el por qué una de sus obras titulada La geografía una arma para la guerra, ha sido influyente para  el pensamiento geográfico contemporáneo.
La segunda parte, a cargo de la socióloga Eryka Torrejón, va a presentar en forma sucinta los elementos y perspectivas claves de la obra de H. Lefebvre, en  el contexto académico de la re inserción del espacio en las ciencias sociales.
La tercera y última parte, se constituye en los puntos nodales más contundente en las obras de Lacoste y de Lefebvre; aportes necesarios para diferenciar y usar como armas teóricas y prácticas de revolución espacial en el quehacer de las ciencias sociales.

  1. El pensamiento Lacostiano
Yves Lacoste nació en 1929 en el Marruecos colonial Francés. Estudió de joven en París y regresó a principios de los años cincuentas al norte de Africa donde vivió intensamente, como miembro del Partido Comunista, la lucha anticolonial de los países del Magreb. En 1972 presenció directamente acciones bélicas en la guerra del Vietnam, que en gran parte inspiraron su obra de mayor influencia en el pensamiento geográfico y geopolítico: “La Geografía, un arma para la guerra”, publicada en 1976.
Desde mediados de la década del cincuenta su vida transcurre en el mundo universitario parisino, del cual sigue siendo exponente destacado. En la ebullición política de los sesentas y setentas forjó un espíritu militante y polémico pero rigurosamente académico, que le permitió no solo impulsar en Francia una escuela Geopolítica propia sino también dialogar fructíferamente con la Historia, la Economía y la Sociología en todas sus investigaciones. Lacoste fue y es un intelectual consecuente con su época; desde su juventud y a partir de su compromiso con el conocimiento, fue siempre interlocutor atento a su experiencia personal y la de sus contemporáneos; su obra de geógrafo y de científico social está cruzada por los mundos reales que trasegó: el de la segunda guerra, el de las luchas anticoloniales, el de la guerra fría y el de la globalización neoliberal.
Como pensador de la Geografía, Lacoste ofrece variadas facetas que principalmente desarrolla en su crítica profunda a la llamada escuela Francesa tradicional, que se estructuró alrededor de la obra de Paul Vidal de la Blache (1845-1918). Esta corriente de pensamiento, que empezó a desarrollarse desde la derrota francesa en la guerra Franco-Prusiana de 1870-71, estableció los paradigmas de la disciplina geográfica en ese país y a través del tiempo, en muchas latitudes del mundo occidental como los aparatos escolares de América Latina.
Cuando los geógrafos de mediados del siglo XX, se vieron interrogados acerca de los procesos de descolonización que desató el fin de la segunda guerra, rápidamente entendieron que no eran el apriorismo, el paisajismo y el apoliticismo de la geografía Vidaliana lo que los iba a salvar. A la par con un importante número de estudios sobre los nuevos entes territoriales, las nuevas relaciones internacionales y el nuevo mapa del globo terráqueo, aparecieron las necesarias inconformidades con esa “pseudo-ciencia” incómoda que en lugar de aportar, más bien se alimentaba de otros saberes mejor estructurados y coherentes. Ese malestar con la geografía institucional fue el espacio teórico que empezó a llenar de manera brillante Yves Lacoste.

1.1 Geografía y estrategia

Frente al proyecto tradicional de una Geografía academicista, al servicio de nadie más que la sabiduría misma, que intenta deslegitimar toda idea de instrumentalización, la idea fuerza de Lacoste sostiene al contrario, el carácter estratégico del conocimiento sobre el espacio. Este conocimiento, como ha ocurrido desde el mundo antiguo, constituye un patrimonio de las élites gobernantes y todos los tipos de estados mayores, tanto estatales como industriales, administrativos, financieros, etc., indispensable para asegurar la dominación sobre las poblaciones humanas.
Únicamente en la segunda mitad del siglo XIX los conocimientos geográficos entraron en las escuelas, alemanas primero y francesas luego, en ambos casos en función de los proyectos expansionistas sobre vastos mundos coloniales. En otras palabras, la Geografía tuvo sus inicios como disciplina escolar en función de adoctrinamiento político en el contexto del desarrollo del colonialismo europeo. Fueron los alemanes los que llevaron a su extremo y finalmente convirtieron en tragedia, la función estratégica de esa disciplina. Los franceses por su lado, le construyeron al fenómeno una cortina de humo, llamada por Lacoste Geografía de los profesores, cuya expresión máxima son las previsibles monografías regionales, metodológicamente rígidas, cuya función ideológica es ocultar el papel militar y político de la sabiduría sobre el espacio.
Lacoste distingue tres tipos de discurso geográfico: Además del de los profesores, que domina las instituciones educativas, señala la Geografía espectáculo, una modalidad al servicio del turismo que se expresa en coloridas postales y fotografías de paisajes para vender tours, expediciones y disfrutes del tiempo libre. Estas dos modalidades se desarrollan para esconder la verdadera razón de ser de ese cúmulo de datos y razonamientos que es la Geografía de los estados mayores, organizados alrededor de proyectos de ejercicio o toma del poder. No puede olvidarse que Francia del este, escrita en 1917 en plena guerra mundial por Vidal de la Blache, es un texto de claro contenido estratégico referido a la suerte que habrían de correr las provincias de Alsacia y Lorena al término del conflicto.

1.2 Geografía y Epistemología

El primer problema abordado por Lacoste se refiere a la afirmación de la Geografía sobre sí misma, de constituir un proyecto unitario cuyo objeto de estudio se sitúa entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, proyecto que sus defensores están lejos de realizar. Por el contrario, el desarrollo dicotómico de las geografías “físicas” y las geografías “humanas” cada una por su lado, lo que expresa es el fracaso de la proyectada unidad disciplinaria, y lo que es más grave, la crisis de objeto de estudio de la Geografía, que la relega a una condición de pre-ciencia, saber, o disciplina, aún en la búsqueda de objeto de investigación, método y técnicas de conocimiento propios.
A la anterior carencia, se suman otras tan importantes como la ausencia de criterios para definir escalas de análisis. El tema de las escalas de análisis, que a su vez define los espacios de conceptualización, significa uno de los problemas epistemológicos fundamentales de la disciplina geográfica. Se trata de que los problemas no son igualmente tratables en todas las escalas y niveles del análisis espacial; no es cierto como creían los geógrafos de entonces, que un problema puede ser tratado a cualquier escala, pues a cada escala el problema ya es diferente, es otro problema. Esta carencia epistemológica de la Geografía está asociada al fetichismo regionalista de los Vidalianos, que al erigir a “la región” como su objeto de estudio privilegiado y sobre todo “dado”, evadieron toda posibilidad de problematizar el asunto de las escalas del análisis. La región fue para ellos un “a priori” llamado a soportar el estudio de todos los problemas tanto físicos como históricos y sociales, sin reparar en la construcción teórica, conceptual y metodológica de dicho objeto.
Ahora: el regionalismo apriorístico referido a las escalas de análisis, estaba acompañado por otro lado de una definición paisajista de las regiones. Ellas serían el resultado de las interacciones entre unos hechos físicos y unos hechos humanos a través de la historia, de los cuales derivan una identidad: la personalidad de las regiones. A pesar de las grandes transformaciones de los paisajes franceses de principios del siglo XX, la concepción de región elaborada por tales geógrafos, los mantuvo alejados de las problemáticas eminentemente geográficas de la urbanización y la industrialización. A esa carencia debemos también cierta concepción de la Geografía como una ciencia verde, cuyos objetos de estudio solo se encuentran más allá de los perímetros urbanos. Particularmente la Geografía Urbana, es un saber de reciente desarrollo, exótico para muchos universitarios que no entienden cómo pueden caber en esa disciplina las dotaciones ambientales, los desarrollos constructivos, la estratificación, la movilidad, la contaminación y demás problemas que afectan hoy a nuestras ciudades.

1.3 Geografía y Geopolítica

La concepción de Lacoste sobre la Geografía como un saber estratégico fundamental, lo pone automáticamente en el campo de las reflexiones sobre los proyectos de dominación internacional y las disputas por la dominación territorial entre las potencias mundiales. Cuando inició su producción intelectual, en la segunda mitad de la década del cincuenta, la Geopolítica como disciplina académica estaba archivada y estigmatizada en los países triunfadores de la segunda guerra. Es sabido que los Nazis cobijaron con esa disciplina su proyecto expansionista sobre Europa y Asia, lo que llevó a confundir en ese caso la ideología fascista con el ejercicio académico y la reflexión sobre las rivalidades internacionales.
Con Lacoste, un reducido número de geógrafos franceses, preocupados ante todo por los problemas de la colonización-descolonización, el subdesarrollo y las guerras de independencia, avanzan en la década de los setentas hacia la estructuración de un pensamiento geopolítico que se caracteriza por el estudio de las rivalidades y las estrategias de los grandes actores internacionales, más allá de los postulados imperialistas tributarios del Darwinismo que habían acaparado la atención de los pensadores del período de entreguerras. En ese proyecto es clave la fundación por Lacoste de la revista Heródoto y la publicación de La Geografía, un arma para la guerra, ambas en 1976.
El surgimiento de esta corriente de pensamiento en Francia, en nada ajeno a fenómenos como la espacialización de la política, la creciente utilización del lenguaje geográfico para designar realidades de poder y posteriormente la globalización, han tenido como consecuencia una resignificación o relanzamiento de la Geopolítica, que al recuperar la dimensión territorial de la conflictividad social, abre importantes espacios de resistencia a la gestión y las políticas que organizan el espacio según los intereses del capital.
La ignorancia de las lógicas de la espacialidad, contribuye poderosamente a la alienación de los pueblos y los individuos. Entender la dominación implica descubrir la territorialidad de los ejercicios aparentemente técnicos y neutrales que subyacen en toda gerencia, administración, dirección o gobierno de cualquier orientación ideológica. No solamente la Geografía sirve para hacer la guerra, sirve para gobernar, para mantener un statu quo o para transformarlo. De esta manera, ni la guerra, ni la política ni el gobierno pueden prescindir del conocimiento geográfico para lograr objetivos, cualesquiera ellos sean. El llamado “orden internacional”, de alguna manera y en otra escala, similar al orden público interno de los países, es esencialmente un orden territorial. Entender la esencia geográfica de la política es el primer elemento de resistencia a los proyectos de dominación, sean globales, locales o de cualquier escala.

  1. La relectura del espacio en H. Lefebvre

La  renovación del concepto de espacio  ha conducido a realizar una relectura de los aportes clásicos en especial, de la teoría marxista con el ángulo espacial.   En esta relectura, los aportes de Henri Lefebvre al desarrollar los conceptos de espacio vivido, concebido y percibido en su teoría de los momentos (1967, 1976, 1983) resultan fundamentales para comprender los aportes de este autor en  la  geografía humana y en especial, para entender cómo esta concepción del espacio posibilitará hacer una lectura de las espacialidades de la vida cotidiana.

2.1 Aportes Lefebvrianos.

Los aportes de Henri Lefebvre, incluyen  la concepción fenomenológica del espacio como contenedor de las obras de la humanidad, de  la vida cotidiana urbana y, donde se desarrolla, se transforma y se semantiza lo humano.
Tolo lo que ha actuado en la historia ha quedado inscrito en el espacio.  De tal forma que podemos leer en él como en un gran panel, los trozos, las inscripciones, las realizaciones de todos los actores de la historia. (Lefebvre, 1976: 244).
El espacio social como contenedor de las dimensiones desde lo vivido, lo concebido y lo percibido, es el resultado de esta lectura, y donde además es posible una práctica renovadora, ó por lo menos,  una práctica espacial para trascender e, insertar prácticas posibles y alternas.   Esta concepción del espacio y la posibilidad de producir espacio bajo esta mirada, es asumida – para los fines de esta ponencia – como espacialidades de la vida cotidiana.
Espacio y vida cotidiana conllevan a un proceso de identidad que sobrepasa los cánones de las categorías binarias. Lo público y lo privado, lo natural y lo cultural, lo doméstico y lo político, el cuerpo y el mundo no son antagónicos, son escenarios de la vida cotidiana de las personas que se representan  en las acciones y en el lenguaje.  Los objetos del espacio, entre estos el lenguaje, el cuerpo, las artes, las imágenes de las ciudades – en referencia  a una lectura crítica del city marketing- , en clave Lefebvriana son manifestaciones de una representación del poder en y, por  el espacio
El espacio así concebido se define como juego de las ausencias y de las presencias, representadas por la alternancia de las sombras y de las claridades, de lo luminoso y de lo nocturno.  Los ¨objetos¨ en el espacio simulan la aparición y la desaparición más profundas de las presencias.  Así, el tiempo se jalona por las presencias.  Ritmado por ellas, también contiene los engaños de las cosas, las representaciones simulantes – disimulantes. (Lefebvre, 1976: 261).

2.2  Algunos vértices del pensamiento Lefebvriano

Los aportes de Henri Lefebvre permiten discernir  tres vértices para entender la reinserción del concepto de espacio en las ciencias sociales, en el  primer vértice, el autor parte de una ruptura en el análisis y la interpretación de las categorías binarias. Así, desarrolla bajo una perspectiva dialéctica, conceptos que en otras visiones son definidos como polares: Campo – ciudad, rural – urbano, naturaleza – cultura, espacio – sociedad, doméstico – política, yo y otro.
Para Henri Lefebvre, la ruptura con la lógica binaria consiste en asumir que estas categorías son procesos que transitan con el desarrollo histórico. Lefebvre  indica  una lectura dialéctica del espacio abandonando los conceptos bipolares e indaga por  otro concepto resultado de éstos, a otra  alternativa,  a  una tercera posibilidad como resultado de la tesis y la antítesis. 
Ahora bien, una estructura triádica presente desde hace mucho tiempo en el logos occidental emerge desde Hegel ¿Esta estructura triádica tiene acaso un alcance decisivo? Quizá, pero también es posible que estalle, que la práctica o el saber la rompan. (Lefebvre, 1983: 161)
Lo trialéctico se define como una concepción del espacio donde se privilegia el proceso continúo de análisis de las transformaciones del espacio:   El espacio puede ser explicado, vivido y concebido  y las ideas, las experiencias prácticas y la imaginación se pueden solapar y,  entrecruzar con la interpretación de la realidad.
Lo trialéctico en la  obra de Henri Lefebvre es una de las bases para desmantelar la forma opuesta de entender los conceptos diádicos, generalmente concebidos como una relación en contradicción,  un estado de desarrollo lineal ó  unos espacios de compresa revolucionaria. 
El segundo vértice, en los aportes de Henri Lefebvre para indagar por el espacio, es su concepción de la cotidianeidad y allí, el autor incorpora su concepción del espacio como proceso subjetivo y dialéctico.  La cotidianeidad, para Henri Lefebvre, es el receptáculo de las prácticas  y de la imaginación, ¨ es en  la vida cotidiana y a partir de ella como se realizan las verdaderas creaciones, las que producen lo humano y las producciones por los hombres en el curso de la humanización: Las obras ¨ (Lefebvre, 1976: 298)
La ciudad así, resulta para el autor, la principal obra de la humanidad.  Y, la vida urbana, es donde se concentra e intensifican los mayores estímulos  para interpretar el espacio vivido, concebido y percibido.
El tercer vértice, en los aportes de Henri Lefebvre, para la interpretación del espacio, es el referido a la teoría de los momentos. La teoría de los momentos le otorga valor al lenguaje en un momento de disolución del lenguaje, o al menos, de transformación y de depuración  de sus significados.   El lenguaje como componente vehicular de la cotidianeidad y, de las expresiones subjetivas individuales.

2.3    El tercer espacio

En resumen y de acuerdo a los aportes de Henri Lefebvre, el enfoque de esta ponencia considera  primero, el espacio como un  proceso trialéctico y en transición de las formas bipolares de interpretación a partir de la re elaboración del espacio como proceso de la historicidad, la sociabilidad y la espacialidad.  
Segundo, el espacio como un  receptáculo de la cotidianeidad, es en la vida cotidiana donde se desarrollan las obras de la humanidad y en especial en la vida urbana donde se concentran e intensifican las prácticas espaciales, los pensamientos y los deseos de las personas.  Y,  tercero, se considera que  el espacio es una  expresión del lenguaje,  el lenguaje es un vehículo – una forma de transferencia simbólica - de las obras y las percepciones en el espacio.
Los aportes de Lefebvre han sido empleados en las ciencias sociales para explorar el desarrollo y las expresiones de la vida urbana, uno de los autores que ha realizado una de las más interesantes re elaboraciones de su obra es   Edward Soja  (1996) con el término del  tercer espacio – thirdspace-.
La historicidad, la sociabilidad y la espacialidad es lo que se presenta con thirdspace. Su implicación dialéctica fuera de indicar el olvido espacial de los discursos totalizantes propone no sólo su inclusión,  sino la  lecto - escritura del mundo a partir de estas tres dimensiones de la vida social.
El tercer espacio es empleado por el autor para subrayar esta forma de pensamiento sobre el espacio y la espacialidad social. Los aportes de Soja (1989, 2000) se han concentrado en las transformaciones de la ciudad de los Ángeles en las últimas décadas del siglo XX y han servido para explorar en otros contextos los efectos en el espacio y en la vida cotidiana de los procesos de la post industrialización. 
Aunque existen diferencias entre el desarrollo industrial de  ciudades de América del Norte y de Europa, con las ciudades de América Latina, se puede encontrar en el análisis de Soja, propuestas para explorar el sentido y los efectos de estas transformaciones en otras regiones urbanas, ya que el autor propone entenderlas como una expresión de la  crisis de las posmetrópolis que se generaliza en todo el mundo y asume ejemplos particulares.

  1.  La geografía entre nosotros

Analizar las funciones del conocimiento geográfico hoy y sus aportes a la ciencia social, remite de nuevo a la obra de Lacoste y la relectura de las obras de Lefebvre.
Uno de los fenómenos sociales paradigmático, la globalización, es una realidad eminentemente geográfica; remite a la forma del planeta como una totalidad material esférica, sobre la cual se han extendido unas relaciones de producción y unas formas de vida que a su vez tienen unas lógicas de desarrollo espacial propias. La globalización es el proyecto territorial original del capital, que fue temporalmente truncado durante el “corto siglo XX” por la emergencia de un mundo socialista, para resurgir triunfante cuando se disolvió la Unión Soviética en la última década de la centuria proclamando un “fin de la historia”, cuya contracara era también el fin de la geografía.
Los estados mayores de la globalización, políticos, financieros y mediáticos, se han empeñado en borrar la experiencia humana integrada a las culturas que se materializa en los lugares, para dar paso a una espacialidad impersonal por donde solo transitan los flujos de riqueza e información en tiempo real. Se está imponiendo la concepción del espacio de los flujos sobre la concepción del espacio de los lugares.  
De esta forma, son los estudios de  los lugares (espacios dotados de los contenidos intersubjetivos)  el punto de encuentro  para una ciencia comprometida con la vida cotidiana, con los espacios de resistencia, donde la geografía y la sociología sean instrumentos de análisis paralelos que permiten descifrar la relación ontológica del ser humano y sus espacios, dotados éstos de dimensiones corporales, escalares y cosmogónicas, es decir, una ciencia de la conciencia espacial.
Las luchas de los oprimidos contra los poderes globalizados del capital en nuestros días, expresan en el ámbito de las estrategias culturales, la aspiración a no dejarse arrebatar la experiencia vivida como factor de identidad individual y colectiva, en términos de Milton Santos, la lucha de los lugares.
De esta manera, la globalización del capital ha devenido también en la resistencia mundial contra la estandarización de las relaciones espaciales al compás de las necesidades del mercado. Cada actividad globalizada del capital se convierte en locomotora que arrasa identidades, lugares y relaciones históricas de comunidades grandes o pequeñas con sus entornos físicos. Pero mientras tanto, ¿la Geografía dónde está?
La Geografía está en muchas partes; obviamente en la gestión geopolítica de las agresiones armadas y en el paso arrasador de las locomotoras del capital globalizado. Pero igual está y debe estar en el alma de las luchas de todas las minorías y todos los grupos oprimidos que resisten la homogeneización que impone el mercado global a partir de la prevalencia y rescate de los lugares como espacios de vida y de identidad colectiva, porque si la globalización es un proyecto de signo autoritario que borra culturas y arraigos territoriales, los proyectos alternativos deberán oponer sus propias identidades y con ellas, sus propias geografías, es decir, su identidad espacial, su consciencia espacial consigo mismos y con el mundo que los rodea: construir una globalización en escala humana.
El estado colombiano, igual que los demás, tiene la función constitucional de administrar el territorio nacional y en esa medida debe garantizar el orden público, la justicia, los equilibrios ambientales y la prestación de todos los servicios que constituyen su razón de ser. Toda la gestión estatal es, de diferentes maneras, territorial. Esa característica del ejercicio de gobierno, dificilmente entendida por la mayoría de los ciudadanos, de los académicos y hasta de las organizaciones políticas de Izquierda, es necesario resaltarla y estudiarla, en la perspectiva liberadora de construir una sociedad más informada y dispuesta a transformarse. Ese movimiento habrá de pasar, eso esperamos, por las aulas universitarias: es indispensable retomar las críticas Lacostianas a la Geografía como “cultura general”, saber neutral y ejercicio memorístico para llenar currículos escolares. En la era de la globalización construir comunidad local, región y proyecto nacional, supone desarrollar identidades territoriales y defender los patrimonios naturales y culturales contra la voracidad de los mercados.
La Geografía domesticada por el estado y los centros de poder, para consumo curricular de estudiantes y profesores, fue puesta en su lugar por Lacoste y sus discípulos cuarenta años atrás. No puede seguir ocurriendo, que nos contagie la falta de proyecto territorial de quienes gobiernan al país, y menos, que la universidad renuncie a la investigación  en una disciplina que al lado de la historia y la ciencia social, es verdadera ciencia de gobierno.
Así, la geografía y la sociología son ciencias a la vez, para el servicio y uso  de las organizaciones sociales para que nosotros, como aprendices,  estemos a la altura de unas re lecturas de los mundos como obras humanas: posibles, probables y pertinentes.

Bibliografía.

Lacoste, Y. (1977). La geografía una arma para la guerra. Barcelona: Editorial Anagrama

Lacoste, Y. (2003) El agua. La lucha por la vida. Colección Larousse El mundo contemporáneo.

Lacoste, Y. (2006) Qué es la Geopolítica. http://es.scribd.com/doc/98912685/Yves-Lacoste-Que-Es-La-Geopolitica.

Lefebvre, Henri (1967).   El marxismo sin mitos. Buenos Aires: Peña Lillo.

Lefebvre, Henri (1976).  Tiempos Equívocos.   Barcelona: Kairós.

Lefebvre, Henri (1983).  La presencia y la ausencia.  Contribución a la teoría de las representaciones.  México: Fondo de Cultura Económica.

Soja, Edward (1989). The reassertion of space in critical social theory, Great Britain:  British Library Cataloguing.

Soja, Edward (1996). Thirdspace: Journal to Los Angeles and other real -and- imagined places.  Maldem: Blackwell, 1996.

Soja, Edward (2000). Postmetropolis: critical studies of cities and regions. London: Blackwell, 440p.



[1] Historiador. Universidad Nacional de Colombia. Consultor y Docente de cátedra de Geopolítica.  Departamento de Sociología. Universidad de Antioquia.
[2] Socióloga. Universidad de Antioquia Docente Departamento de Sociología, áreas de especiales. Doctora en Geografía –Universidad Autónoma de Barcelona. Grupo de Investigación Redes y Actores Sociales y Medio Ambiente y Sociedad.

1 comentario:

  1. Después de leeros.... me queda mucho por decir...
    y Milton Santos y DAvid Havey?????

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